PENTITENCIA

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PENITENCIA Y RECONCILIACION

Este sacramento también es llamado "Confesión".
Es un verdadero sacramento, instituido por Jesucristo, diverso del Bautismo y puede repetirse. La manifestación de los pecados al confesor es necesaria por derecho divino. Ha de ser de todos los pecados graves cometidos después del Bautismo o desde la última Confesión. -Cf Dezinger, Indice Sistemático, XI, E, 2,b.

Requisitos para una Buena Confesión:
a)Examinar la conciencia antes de ir a confesarse
b)
Arrepentimiento de todos los pecados.
c)
Contricción: Firme propósito de enmienda (de no volver a pecar).
d)
Confesar todos los pecados al sacerdote.
e)Cumplir la penitencia. (
Satisfacción o reparación)

Pasos básicos para confesarse:
-Entra al confesionario sin miedo, confiando en la misericordia de Jesús.
-Sacerdote: "Ave María Purísima"
-Penitente: "Sin pecado concebida. Bendígame padre porque he pecado. Hace ... de mi última confesión. Mis pecados son los siguientes...
-Confiesa todos los pecados desde tu última confesión.
-No es necesario ilustrar detalles de lo ocurrido. Ej.: "Ofendí gravemente a mis padres de palabra" EN VEZ DE: "Ibamos en el carro y papa sacó una vieja conversación.... me habló de una novia... reaccioné....entonces..."  
-Confiesa tus propios pecados y no los ajenos. El confesionario no es para desahogarse contando lo que nos han hecho otros.
-
Sacerdote ofrece algún consejo e imparte la penitencia.
-Penitente reza el
Acto de Contrición
-Sacerdote imparte la absolución
con estas palabras: "Dios, Padre de misericordia..." y despide al penitente en paz.

ABSOLUCIÓN
(Etim. Latín absolvere, librar de, absolver, exculpar.)

La absolución es el acto por el cual un sacerdote, teniendo la necesaria jurisdicción, restituye la  gracia perdida por el pecado. Es parte esencial del Sacramento de Reconciliación por el cual Dios perdona los pecados. La absolución requiere que el penitente haga una buena confesión.

La fórmula de absolución en uso en la Iglesia latina expresa el elemento esencial de este sacramento: el Padre de la misericordia es la fuente de todo perdón. Realiza la reconciliación de los pecadores por la Pascua de su Hijo y el don de su Espíritu, a través de la oración y el ministerio de la Iglesia:

Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.  (CIC 1449)

A lo cual el penitente contesta, "Amén."

ARREPENTIMIENTO
(Etim. Latin repoenitere; sentir mucho.)
Dolor voluntario por haber ofendido a Dios junto con la resolución de enmendar la conducta, tomando las medidas necesarias para evitar la ocasión de pecar.

PERDON

Remisión de una ofensa.

Solo Dios puede perdonar pecados porque solo El puede restaurar la gracia santificante. Dios perdona a quien verdaderamente se arrepiente, sea inmediatamente por un acto de contricción perfecta o por la mediación del sacramento del perdón.

Los sacramentos para el perdón de los pecados son, primariamente: bautismo y penitencia. Secundariamente, bajo ciertas condiciones: la unción de los enfermos

El perdón recibido de Dios por medio de Jesucristo limpia el alma de todo pecado (Cf. Jn 20) y no solo la cubre con los méritos de Cristo (como enseñan muchos protestantes).

¿CONFESARSE DIRECTAMENTE CON DIOS?

Ver también: Confesión de los pecados

La confesión de los pecados con un sacerdote es parte del designio de Dios para perdonarnos.

La institución del sacramento de la confesión por Jesucristo aparece claramente en el Evangelio de San Juan. Cristo resucitado da poder a los apóstoles para perdonar pecados en nombre de Dios. Al conferir el sacramento de la confesión, la Iglesia ha sido fiel a Jesucristo desde el principio.

Veamos Juan 20,19-24:
"Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.» Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.» Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»

Es importante notar que Jesús vinculó la confesión con la resurrección (su victoria sobre la muerte) con el Espíritu Santo (necesario para creer y actuar con poder) y con los apóstoles (los primeros sacerdotes).

Entonces nos confesamos con un sacerdote por obediencia a Cristo. Es Dios quién perdona y tiene potestad para establecer los medios para otorgar el perdón.

Vemos que uno de los apóstoles (Tomás), al no estar presente, no creía que Cristo había resucitado. Entonces tampoco creería que les había encargado el perdón de los pecados. Oremos para que nuestros hermanos, como Santo Tomas, crean y lleguen como el a ser santos.

ME DA VERGÜENZA CONFESARME

RESPUESTA

Es saludable que sientas vergüenza por tus pecados, pero no permitas que te domine. Antes medita la pasión de Jesus y considera que El desea, por misericordia INFINITA, aplicarte todas esas gracias y perdonarte. La vida pasa rápido y nos preparamos para la eternidad.

NO TEMAS. Dios te ama y estará contigo en la confesión. CONFIA EN JESUS y verás que paz y felicidad recibirás.

Si lo deseas puedes ir a confesarte en un lugar donde el sacerdote no te conozca. Las Iglesias deben tener horas de confesión donde se puede ir a confesar sin que te vean la cara.

Como sacerdote te puedo decir que, cuando alguien se confiesa de un gran pecado, lo que siento es gran admiración por esa persona. Los sacerdotes sabemos lo que ocurre en el mundo. Sin embargo quien se confiesa ha tenido el valor de reconocer su pecado y humillarse. Eso es obra de Dios.

Vence la tentación de aplazar la confesión. Decídete hoy pues mañana podría ser muy tarde. Haz un examen de conciencia, pon tu mirada en Jesús que te ama y quiere perdonarte y da el paso adelante. Si hace mucho que no confiesas. No temas. Díselo al sacerdote y el te ayudará.  

"La confesión individual e íntegra y la absolución continúan siendo el único modo ordinario para que los fieles se reconcilien con Dios y la Iglesia, a no ser que una imposibilidad física o moral excuse de este modo de confesión" (OP 31). Y esto se establece así por razones profundas. Cristo actúa en cada uno de los sacramentos. Se dirige personalmente a cada uno de los pecadores: "Hijo, tus pecados están perdonados" (Mc 2,5); es el médico que se inclina sobre cada uno de los enfermos que tienen necesidad de él (cf Mc 2,17) para curarlos; los restaura y los devuelve a la comunión fraterna. Por tanto, la confesión personal es la forma más significativa de la reconciliación con Dios y con la Iglesia.

EN QUE CONSISTE LA CONFESION?

En la tarde de Pascua, el Señor Jesús se mostró a sus apóstoles y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20, 22-23).

El perdón de los pecados cometidos después del Bautismo es concedido por un sacramento propio llamado sacramento de la conversión, de la confesión, de la penitencia o de la reconciliación.

Quien peca lesiona el honor de Dios y su amor, su propia dignidad de hombre llamado a ser hijo de Dios y el bien espiritual de la Iglesia, de la que cada cristiano debe ser una piedra viva.

 A los ojos de la fe, ningún mal es más grave que el pecado y nada tiene peores consecuencias para los pecadores mismos, para la Iglesia y para el mundo entero.

Volver a la comunión con Dios, después de haberla perdido por el pecado, es un movimiento que nace de la gracia de Dios, rico en misericordia y deseoso de la salvación de los hombres. Es preciso pedir este don precioso para sí mismo y para los demás.

El movimiento de retorno a Dios, llamado conversión y arrepentimiento, implica un dolor y una aversión respecto a los pecados cometidos, y el propósito firme de no volver a pecar. La conversión, por tanto, mira al pasado y al futuro; se nutre de la esperanza en la misericordia divina.

El sacramento de la Penitencia está constituido por el conjunto de tres actos realizados por el penitente, y por la absolución del sacerdote. Los actos del penitente son: el arrepentimiento, la confesión o manifestación de los pecados al sacerdote y el propósito de realizar la reparación y las obras de penitencia.

El arrepentimiento (llamado también contrición) debe estar inspirado en motivaciones que brotan de la fe. Si el arrepentimiento es concebido por amor de caridad hacia Dios, se le llama "perfecto"; si está fundado en otros motivos se le llama "imperfecto".

El que quiere obtener la reconciliación con Dios y con la Iglesia debe confesar al sacerdote todos los pecados graves que no ha confesado aún y de los que se acuerda tras examinar cuidadosamente su conciencia. Sin ser necesaria, de suyo, la confesión de las faltas veniales está recomendada vivamente por la Iglesia.

El confesor impone al penitente el cumplimiento de ciertos actos de "satisfacción" o de "penitencia", para reparar el daño causado por el pecado y restablecer los hábitos propios del discípulo de Cristo.

Sólo los sacerdotes que han recibido de la autoridad de la Iglesia la facultad de absolver pueden ordinariamente perdonar los pecados en nombre de Cristo.

Los efectos espirituales del sacramento de la Penitencia son: 

— la reconciliación con Dios por la que el penitente recupera la gracia;
— la reconciliación con la Iglesia; 
— la remisión de la pena eterna contraída por los pecados mortales; 
— la remisión, al menos en parte, de las penas temporales, consecuencia del pecado;
— la paz y la serenidad de la conciencia, y el consuelo espiritual;
— el acrecentamiento de las fuerzas espirituales para el combate cristiano.

La confesión individual e integra de los pecados graves seguida de la absolución es el único medio ordinario para la reconciliación con Dios y con la Iglesia.

Mediante las indulgencias, los fieles pueden alcanzar para sí mismos y también para las almas del Purgatorio la remisión de las penas temporales, consecuencia de los pecados.

Sacramento de la Confesion (Penitencia) por Frank Morera

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